Como algunos sabrán, soy editor de Phenomena Magazine en español. es por eso que a veces debo escribir artículos «Ad Hoc», es decir ciertos artículos que están más que nada para unir otros artículos o darle un cierre o comienzo. generalmente esto lo hago cada mes por una cuestión de que cada número lleva un especial. en el caso del mes de Diciembre de 2017, el tema fue Templarios en América. es por eso que decidí investigar y hacer un artículo sobre la historia de los templarios. ¡y me encanto hacerlo! tanto es así que estoy preparando dos artículos más: uno sobre las diferentes cruces utilizadas por los caballeros templarios, y otro sobre los signos templarios en distintos elementos de uso cotidiano. Pero en este momento, les quiero traer el artículo sobre la historia de los templarios. disfruten y compartan…
LOS COMIENZOS.
Europa vivía una etapa de expansión, luego de frenar una invasión de musulmanes y vikingos. La
Iglesia era cabeza de Europa e, incluso, había dicho que cualquiera que muriera peleando en nombre de la Iglesia, expiaría automáticamente sus pecados comparándolos, incluso, con los Mártires. Para 1099 Jerusalén fue recuperada de manos de los musulmanes. Esto generó un sentimiento religioso muy arraigado, llevando a los europeos a peregrinar a los lugares santos. Primero Roma, pero luego lugares como Santiago de Compostela y finalmente Jerusalén cuyo rey, en ese momento era Balduino I.
Los viajes de los peregrinos eran peligrosos, lleno de bandidos y asaltantes que robaban e incluso violaban y mataban a estos. Ya que Balduino I, no podía destinar recursos a la protección de los caminos, surge un grupo de nobles que decide custodiar los caminos y proteger a los fieles que peregrinaban a ciudad santa: «la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón», más conocidos como Los Templarios.
PRIMEROS DÍAS DE LA ORDEN.
Como dijimos, Balduino no podía hacerse cargo de la vigilancia y protección de los caminos, ya que tenía un reino que reconstruir y además carecía de recursos y dinero. Es por eso que le entrega la custodia de los caminos a un grupo de nobles. Y no sólo eso. Les da refugio para ellos y sus equipos en la mezquita de al-aqsa que era nada menos que parte del Templo de Salomón. De ahí el nombre de la Orden. Balduino, además, escribe misivas a todos los reyes y príncipes de Europa para que presten ayuda y refugio, además de recursos, a la recién nada orden, tanto el poder político como la iglesia ve con buenos ojos a los templarios y unos años después, en 1129, en el concilio de Troyes, se redactaría la regla para la Orden. Esta regla habla de varios puntos, desde cómo llevar el pelo y la ropa, comportamiento, etc. Seguramente escrita en latín, modificada al llegar a Jerusalén. Algunos artículos podrían ser como este:
«Artículo X: Del comer carne en la semana. En la semana, si no es en el día de Pascua de Natividad, o Resurrección, o festividad de Nuestra Señora, o de Todos los Santos, que caigan, basta comerla en tres veces, o días, porque la costumbre de comerla, se entiende, es corrupción de los cuerpos. Si el martes fuere de ayuno, el miércoles se os dé con abundancia. En el domingo, así a los caballeros como a los capellanes, se les dé sin duda dos manjares, en honra de la santa Resurrección; los demás sirvientes se contenten con uno y den gracias a Dios.»
Una vez que la regla fue firmada, Hugues de Payens, líder del Temple, acompañado de 4 de los caballeros, salen a Europa, a sus ciudades natales primero, a conseguir
donativos para la orden. Y vuelven no sólo con el dinero, sino con 300 caballeros, además de escuderos, pajes, hombres de armas, etc. El ejército templario comienza a tomar forma.
Las bulas Omne Datum Optimum (1139), Milites Templi (1144) y Militia Dei (1145) confirmaron los privilegios de la orden. Estas otorgaban a los templarios una autonomía real respecto de los obispos y quedaban sujetos tan solo a la autoridad papal. Se les permitía tener sus propios capellanes y sacerdotes pertenecientes a la orden y les otorgaron el poder de recaudar bienes y dinero de varias formas. Por ejemplo, tenían derecho de limosnas una vez al año. En 1167 (o en 1187, según distintas fuentes) se redactaron los estatutos jerárquicos de la orden, una especie de reglamento que desarrollaba artículos de la regla y normaba aspectos necesarios que no habían sido tenidos en cuenta por la regla primitiva. Durante su estancia inicial en Jerusalén se dedicaron únicamente a escoltar a los peregrinos que acudían a los Santos Lugares, y, ya que su escaso número (nueve) no permitía que realizaran actuaciones de mayor magnitud.
| Jacques de Molay |
Sin embargo, su número aumentó de manera significativa a aprobarse la regla, y ese fue el inicio de la gran expansión de los pauvres chevaliers du temple. Hacia 1170, unos cincuenta años después de su fundación, los caballeros de la Orden del Templo se extendían ya por tierras de las actuales naciones de Francia, Alemania, Reino Unido, España y Portugal. Su expansión territorial contribuyó a incrementar enormemente su riqueza, la mayor en todos los reinos de Europa.
Hacia 1220, cien años más tarde de su fundación oficial, la Orden era la organización más grande de Occidente, en todos los sentidos (desde el militar hasta el económico), con más de 9000 encomiendas repartidas por toda Europa, unos 30 000 caballeros y sargentos (más los siervos, escuderos, artesanos, campesinos, etc.), más de 50 castillos y fortalezas en Europa y Oriente Próximo, una flota propia anclada en puertos propios en el Mediterráneo (Marsella) y en La Rochelle (en la costa atlántica de Francia). Los templarios participaron de forma destacada en la Segunda Cruzada, durante la cual protegieron al rey Luis VII de Francia, luego de sus derrotas ante los turcos. Hasta tres grandes maestres cayeron presos en combate en un lapso de 30 años: Bertrand de Blanchefort (1157), Eudes de Saint-Amand y Gerard de Ridefort (1187).
![]() |
| Guido di Lusignano |
Pero las derrotas ante Saladino, sultán de Egipto, los hicieron retroceder. Así, el 4 de julio de 1187, en la batalla de los Cuernos de Hattin, que tuvo lugar en Tierra Santa, al oeste del mar de Galilea, en el desfiladero conocido como Cuernos de Hattin (Qurun-hattun), el ejército cruzado, formado principalmente por contingentes templarios y hospitalarios a las órdenes de Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, y de Reinaldo de Châtillon, se enfrentó a las tropas de Saladino. Este les infligió una gran derrota, en la que el gran maestre de los templarios Gérard de Ridefort cayó prisionero y perecieron muchos templarios y hospitalarios. Saladino tomó posesión de Jerusalén y terminó con el reino que había fundado Godofredo de Bouillón. Sin embargo, la presión de la Tercera Cruzada y las gestiones de Ricardo I de Inglaterra (llamado Corazón de León) lograron un acuerdo con Saladino para convertir Jerusalén en una especie de ciudad libre para el peregrinaje.
Las Cuarta, Quinta y Sexta cruzadas, a las que también participó el Temple, no tuvieron repercusiones prácticas en Tierra Santa o fueron episodios demenciales.
En 1291 se produjo la Caída de Acre, con los últimos templarios luchando junto a su maestre, Guillaume de Beaujeu. Constituyó el fin de la presencia cruzada en Tierra Santa, pero no el fin de la Orden del Temple, que mudó su cuartel general a Chipre, isla comprada a Ricardo Corazón de León, pero que hubieron de devolver al rey inglés ante la rebelión de los habitantes.
| Hughes de Payens |
La convivencia de templarios y soberanos en Chipre (de la familia Lusignan) fue incómoda hasta que la orden participó en la revuelta palaciega que destronó al rey Enrique II de Chipre para entronizar a su hermano Amalarico. Esto permitió a la orden sobrevivir en la isla hasta varios años después de su disolución en el resto de la cristiandad (1310).
Los templarios intentarían reconquistar espacios para penetrar nuevamente desde Chipre al Cercano Oriente. Fue la única de las tres grandes órdenes de caballería que lo intentó: los hospitalarios y los caballeros teutónicos orientaron sus intereses a otros lugares. La isla de Arwad, perdida en septiembre de 1302, fue la última posesión de los templarios en Tierra Santa. Los jefes de la guarnición o murieron (Barthélemy de Quincy y Hugo de Ampurias) o fueron capturados (fray Dalmau de Rocabertí).
A la postre, este esfuerzo se revelaría inútil, no tanto por la falta de medios o de voluntad como por el hecho de que la mentalidad había cambiado y a ningún poder de Europa le interesaba conquistar los Santos Lugares. Los templarios quedaron aislados. De hecho, una de las razones por las que al parecer Jacques de Molay se encontraba en Francia cuando lo capturaron era su intención de convencer al rey francés para emprender una nueva cruzada.
![]() |
| Sello Templario |
El último gran maestre, Jacques de Molay, se negó a aceptar el proyecto de fusión de las órdenes militares bajo un único rey soltero o viudo (Proyecto Rex Bellator, impulsado por Ramón Llull), a pesar de las presiones papales. El 6 de junio de 1306 fue llamado a Poitiers por el papa Clemente V para un último intento, de unión tras cuyo fracaso, el destino de la orden quedó sellado. Felipe IV de Francia convenció a Clemente V, fuertemente ligado a Francia, de que iniciase un proceso contra los templarios. La corona francesa estaba muy endeudada con la orden, entre otras cosas, por el préstamo que su abuelo Luis IX solicitó para pagar su rescate tras ser capturado en la Séptima Cruzada. Además, el rey buscaba un Estado fuerte, con el rey que concentrara todo el poder (frente al de la Iglesia y al de las diversas órdenes religiosas, como los templarios). Para ello se sirvieron de las acusaciones de un tal Esquieu de Floyran, espía a las órdenes tanto de la Corona de Francia como de la Corona de Aragón. Se acusó a los templarios de sacrilegio a la cruz, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos (principalmente, de adorar a Baphomet, una cabeza demoniaca, sobre la que volveremos en otras ediciones), de escupir sobre la cruz, renegar de Cristo a través de la práctica de ritos heréticos, y de tener contacto homosexual, entre otras cosas.
Felipe despachó correos a todos los lugares de su reino, con órdenes estrictas de que nadie los abriera hasta después del jueves, 12 de octubre de 1307, en la que se podría decir que fue una operación conjunta simultánea en toda Francia. En esos pliegos se ordenaba capturar a todos los templarios y requisar sus bienes en toda Europa, orden que fue llevada a cabo en los meses siguientes. Se cree que este pedido (no abrir las cartas hasta después del 12, es lo que genero la creencia del día viernes 13).
De esta manera, en Francia, Jacques de Molay, último gran maestre de la orden, y ciento cuarenta templarios fueron encarcelados y sometidos a torturas, mediante la cual consiguieron que la mayoría de los acusados se declararan culpables de los cargos, inventados o no. Algunos incluso confesaron sin tortura, por miedo a ella. La amenaza fue suficiente. Tal fue el caso del mismo gran maestre, que luego admitió haber mentido para salvar la vida.
En los otros países europeos, las acusaciones no fueron tan severas, y sus miembros fueron absueltos, Pero, a raíz de la disolución de la orden, los templarios se dispersaron. Sus bienes se repartieron entre los diversos estados y la orden de los Hospitalarios.
En la Península Ibérica pasaron a la corona de Aragón en el este peninsular, a Castilla en el centro y norte, a Portugal en el oeste y a los Hospitalarios. Tanto en Aragón como en Castilla surgieron varias órdenes militares que tomaron el relevo a la disuelta, como la orden de los Frates de Cáceres, Santiago, Montesa, Calatrava o Alcántara, a las que se concedió la custodia de los bienes requisados. En Portugal, el rey Dionisio les restituye en 1317 como Militia Christi o Caballeros de Cristo, asegurando así sus pertenencias (por ejemplo, el castillo de Tomar) en este país. En Polonia, los Hospitalarios recibieron la totalidad de las posesiones de los Templarios.
Actualmente en los archivos vaticanos se encuentra el pergamino de Chinon, que contiene la absolución del papa Clemente V a los Templarios.
En la lista de cargos reunidos contra los templarios aparecen más de cien acusaciones. Las referentes a la idolatría son: adoración de un gato que se les aparecía en las asambleas, que en cada provincia había ídolos, a saber, cabezas, alguna con tres caras, otras con una, y otras era una calavera humana; que adoraban a esos ídolos, o a ese ídolo, y especialmente durante los grandes capítulos y asambleas, que las veneraban, que las veneraban como a Dios, que decían que esa cabeza podía salvarlos o hacerlos ricos, que les dio la riqueza de la Orden, que hizo que los árboles florecieran o que la tierra germinase, que tocaban o rodeaban cada cabeza de los citados ídolos con pequeños cordones que luego se ceñían alrededor del cuerpo, cerca de la camisa o de la carne, y que actuaban así como veneración a un ídolo.
LA BANCA
Uno de los aspectos en los que la orden destacó de manera extremadamente rápida y sobresaliente fue a la hora de afianzar todo un sistema socio-económico sin precedentes en la historia. La dura tarea de llevar un frente en ultramar les hizo proveerse de una increíble flota, una red de comercio fija y establecida, así como de buen número de posesiones en Europa para mantener en pie un flujo de dinero constante que permitiera subsistir al ejército defensor en Tierra Santa.
A la hora de dar donaciones, la gente lo hacía de buena gana; unos, por ganarse el cielo; otros, para quedar bien con la Orden. De este modo, la Orden recibía posesiones, bienes inmuebles, parcelas, tierras, títulos, derechos, porcentajes en bienes, e incluso pueblos y villas enteras con sus correspondientes derechos y aranceles. Muchos nobles europeos confiaron en ellos como guardianes de sus riquezas e incluso muchos templarios fueron usados como tesoreros reales. Fue el caso del reino francés, que dispuso de tesoreros templarios que tenían la obligación de personarse en las reuniones de palacio en las que se debatiera el uso del tesoro.
Para mantener un flujo constante de dinero, la Orden tenía que tener garantías de que el capital no fuera usurpado o robado en sus desplazamientos. Con este fin, estableció en Francia una serie de redes de encomiendas, repartidas prácticamente por toda la geografía francesa y que no distaban más de un día de viaje unas de otras. Así se aseguraban de que los comerciantes durmieran siempre a resguardo bajo techo y garantizar siempre la seguridad de sus caminos.
No sólo supieron crearse todo un sistema de mercado, sino que se convirtieron en los primeros banqueros desde la caída de Roma. Lo hicieron a sabiendas de la escasez de moneda en la vieja Europa y ofreciendo en sus tratos intereses mucho menos usurarios que los ofrecidos por los mercaderes judíos. Así pues, crearon libros de cuentas, la contabilidad moderna, los pagarés e incluso la primera letra de cambio. En esta época pesaba mucho la idea de transportar dinero en metálico por los caminos, y la Orden dispuso de documentos acreditativos para poder recoger una cantidad anteriormente entregada en cualquier otra encomienda de la orden. Solamente hacía falta la firma, o en su caso, el sello.
COMERCIANTES DE RELIQUIAS
Los templarios tuvieron uno de sus más lucrativos negocios en la comercialización de reliquias. Distribuían el óleo del milagro de Saidnaya, un santuario a 30 km de Damasco a cuya Virgen se atribuía el milagro de exudar un líquido oleoso. Lo embotellaban en pequeños frascos y lo distribuían en Occidente. Al parecer, también comercializaron numerosos fragmentos del Lignum Crucis, la Santa Cruz en la que se decía había estado crucificado Jesucristo y que se decía habían encontrado ellos. Sin embargo, sus operaciones económicas siempre tuvieron como meta dotar a la Orden de fondos suficientes como para mantener en Tierra Santa un ejército en pie de guerra constante. Y por ello el lema de la Orden:
“Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomini Tuo da gloriam” (No a nosotros, Señor, no a nosotros sino a Tu Nombre da la gloria)
en futuros articulos, nos adentraremos en distintas misterios, como que es, segun mis investigaciones, el baphomet
Bibliografía
Barber, Malcolm (2001). Templarios: la nueva caballería. Barcelona: Martínez Roca. ISBN 84-270-2723-0.
Barceló, E. (1998). Los Templarios.
Claraval, Bernardo de: Elogio de la Nueva Milicia Templaria. Madrid. Ediciones Siruela, 1994. ISBN 84-7844-867-5
Cordero, Víctor “Historia real de la Orden del temple. Desde el siglo XII hasta hoy”. Editorial Punto Rojo, ISBN 978-841600701-1
Garrido, Luis, 1001 preguntas y respuestas sobre los templarios. Ediciones Libro Hobby, 2003. ISBN 978-84-9736-469-0
Pascual, Fernando, “Los templarios, más allá de la leyenda” (Revista Ecclesia 21 (2007), pp. 91-106)
Templespaña: Codex Templi. Ed. Aguilar, Madrid, 2005.
«Historia del Orden y Caballería de los templarios» por Pedro Rodríguez Campomanes





Deja un comentario