Cómo la ciencia venció a la especulación y por qué debemos seguir combatiendo las fake news

Cuando la verdad tarda, pero llega
El 1 de agosto de 2025, desde Enigmas Inexplicables, publicamos un artículo que generó controversia: afirmábamos que el objeto interestelar 3I/ATLAS no era una nave alienígena, como sugería el astrofísico Avi Loeb, sino un cometa natural. Lo hicimos con base en datos preliminares, análisis espectroscópicos y una lectura crítica del contexto científico. Podés leer ese articulo aquí
Hoy, casi dos meses después, los organismos oficiales han confirmado lo que dijimos: 3I/ATLAS es un cometa. No una nave, no una sonda, no un artefacto de otra civilización. Un cometa. Y con esta confirmación, se cierra un capítulo más en la saga de especulaciones sin rigor que, desde el caso 1I/ʻOumuamua, han puesto en jaque la credibilidad de ciertos sectores académicos.
Este artículo no busca revancha. Busca memoria, contexto y principalmente, responsabilidad.
Cronología de un objeto interestelar
Para entender cómo se construyó —y desmontó— el mito de 3I/ATLAS, es necesario repasar los hechos con precisión:

- 1 de julio de 2025: El telescopio ATLAS, ubicado en Río Hurtado (Chile), detecta un objeto con trayectoria hiperbólica. Se lo clasifica como el tercer objeto interestelar conocido, tras 1I/ʻOumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). Su velocidad: 61 km/s. Su tamaño estimado: entre 11 y 20 km.
- 2 de julio de 2025: El Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional confirma su origen interestelar. Se lo denomina oficialmente 3I/ATLAS.
- 17 de julio de 2025: Avi Loeb, astrofísico de Harvard, publica un paper en arXiv titulado Is the Interstellar Object 3I/ATLAS Alien Technology?. En él, plantea que el objeto podría ser una nave o sonda alienígena, y sugiere que su trayectoria responde a maniobras intencionales. El paper no está revisado por pares.
- 20 de julio de 2025: Observatorios independientes detectan signos de coma y cola en el objeto, típicos de cometas. La comunidad científica comienza a inclinarse por la hipótesis natural.
- 1 de agosto de 2025: Enigmas Inexplicables publica su artículo desmintiendo la narrativa de Loeb. Afirmamos que 3I/ATLAS es un cometa, y que la especulación sin evidencia pone en riesgo la investigación seria.
- 7 de septiembre de 2025: Durante un eclipse lunar, el objeto muestra un cambio de color a verde, asociado a la presencia de cianógeno y carbono diatómico. NASA publica un informe preliminar confirmando que se trata de un cometa con actividad química típica.
- 15 de septiembre de 2025: El Centro de Estudios Planetarios de la ESA (Agencia Espacial Europea) publica su análisis definitivo: 3I/ATLAS es un cometa interestelar, sin signos de tecnología ni maniobras artificiales.
El peligro de creer sin evidencia
La historia de 3I/ATLAS es más que una anécdota astronómica. Es un caso de estudio sobre cómo las fake news científicas se propagan cuando las dice alguien con prestigio.
Avi Loeb no es un influencer cualquiera. Es un astrofísico de Harvard, autor de libros, conferencista internacional y figura mediática. Pero eso no lo exime del rigor. Al contrario: lo obliga.
Cuando alguien con ese nivel de visibilidad publica hipótesis sin evidencia, el daño es doble. Por un lado, confunde al público general, que no tiene herramientas para distinguir entre ciencia y especulación. Por otro, erosiona la credibilidad de la academia, que debería ser bastión de la verdad, no de la espectacularidad.
En tiempos donde la desinformación mata —literalmente, como vimos con pandemias y teorías conspirativas—, creerle a alguien solo porque “es de Harvard” es peligroso. Y más aún cuando ese alguien se comporta como un “niño mimado” de la institución, blindado por su fama y por una prensa que busca clicks antes que certezas.
Loeb y el negocio de la ciencia-espectáculo
Entendemos a Avi Loeb. De verdad. Sabemos cómo funciona el sistema universitario estadounidense. Las universidades necesitan visibilidad, prensa, contribuciones. Y los investigadores, para mantener sus cargos y sus fondos, deben publicar, aparecer en medios, generar impacto.
En ese contexto, decir que un cometa podría ser una nave alienígena es una jugada brillante. Genera titulares, entrevistas, ventas de libros… Pero también genera ruido. Mucho ruido.

Loeb no es un farsante. Es un académico brillante. Pero su estrategia de comunicación —desde 1I/ʻOumuamua hasta 3I/ATLAS— ha priorizado la espectacularidad por sobre la evidencia. Y eso, en el campo de la astrofísica, es una forma de irresponsabilidad.
No se trata de censurar la imaginación. Se trata de distinguir entre hipótesis y afirmaciones. Entre ciencia y marketing. Hay formas y formas de comunicar. Una de ellas es muy peligrosa.
En defensa de la investigación auténtica
Desde Enigmas Inexplicables, seguimos comprometidos con la campaña contra las Fake News. No porque seamos escépticos por deporte, sino porque creemos en la investigación auténtica. En el método. En la duda razonable. En la evidencia.
Nuestra frase de cabecera es «creemos que los OVNIs son reales y de origen extraterrestre». Pero no cualquier mancha o brillo es un OVNI. es NUESTRA RESPONSABILIDAD COMO INVESTIGADORES, saber separar la paja del trigo.

La historia de 3I/ATLAS nos da la razón. Lo que dijimos el 1 de agosto fue confirmado por NASA, por la ESA, por observatorios independientes. Y lo dijimos sin necesidad de titulares rimbombantes ni teorías de invasión.
No entendemos cómo un astrofísico de Harvard puede seguir en esta línea, después de lo que pasó con 1I/ʻOumuamua. No entendemos cómo la academia permite que se confunda divulgación con especulación. Pero sí entendemos que el público merece algo mejor.
Merece verdad. Merece contexto. Merece medios que no vendan humo.
La ciencia como faro
3I/ATLAS no era una nave. Era un cometa. Y eso no lo hace menos fascinante. Al contrario: nos recuerda que el universo está lleno de misterios reales, que no necesitan maquillaje para ser asombrosos.
Desde Enigmas Inexplicables, seguiremos investigando, dudando, publicando. Y seguiremos diciendo lo que otros callan: que la verdad importa. Que el rigor importa. Que la ciencia no es espectáculo, sino faro.
Porque en tiempos de oscuridad informativa, ser faro es más urgente que nunca.
Una firma con nombre y convicción
No me escondo detrás de un sitio. Mi nombre está en el banner, en la firma, en cada artículo que publicamos. Soy Darío Fernández, director de Enigmas Inexplicables, editor en jefe de Phenomena Magazine, creador de Phenomena en español y autor de cientos de artículos sobre la temática OVNI y paranormal.
A lo largo de los años, me han llamado “el más escéptico de los creyentes” y “el más creyente de los escépticos”. Incluso “confabulador”, por no aceptar una fotografía solo porque venía de un investigador con trayectoria. En ese caso, bastó con Google Maps para demostrar cómo se había fabricado la imagen.
No se trata de desconfianza. Se trata de responsabilidad. De entender que el misterio merece respeto, no espectacularidad vacía. Y que cada vez que una noticia sin rigor se viraliza, se debilita la investigación auténtica.
La responsabilidad es de todos. De quienes publican, de quienes comparten, de quienes creen. Porque el misterio no necesita exageraciones. Necesita verdad.
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