La primera colonia inglesa en el nuevo mundo -Roanoke- desapareció misteriosamente sin dejar rastros. Aún hoy sigue siendo uno de los misterios más grandes del nuevo mundo. O asi era hasta hace muy poco. Hubo muchos asentamientos por parte de los europeos en el nuevo mundo. La primera exitosa es la llamada “de los padres fundadores” en Plymouth, que paso a ser la piedra fundamental de los EE UU, en 1620. ¿Pero porque la colonia de Roanoke se convirtió en un misterio que llega a nuestros días? ¿Qué es lo que paso a esta colonia que la sola palabra “Croatoan” es sinónimo de misterio?
VAYAMOS A LA HISTORIA.
La historia
comienza en 1585, cuando el comandante Arthur
Barlowe, junto con un pequeño grupo de pioneros arribó a la isla de
Roanoke, frente a las costas de la actual Carolina del Norte, EE.UU. A pesar de
que en este primer momento la relación con los nativos no era mala, pronto se
truncó y comenzaron las rencillas; así que cuando el corsario Sir Francis Drake
arribó a la isla en 1856, el pequeño grupo de expedicionarios partió rumbo a
Inglaterra con el pirata. Poco después, Sir
Richard Grennville volvió a Roanoke con provisiones para el pequeño grupo
de colonos, pero al no encontrar allí a nadie volvió a Inglaterra no sin antes
dejar en la isla a un grupo de 15 soldados para mantener la guarnición. Se cree
que este pequeño grupo sufrió las acometidas de los indios locales y partió
rumbo a Inglaterra, sea como fuere, nunca más se volvió a saber acerca de estos
15 hombres.
UN NUEVO MUNDO
Un año después,
el 22 de julio de 1587, un grupo de 118 colonos (90 hombres, 17 mujeres y 11
niños) llegaron de nuevo a Roanoke, con la intención de llevar a cabo un
segundo intento de colonizar la isla y establecer un asentamiento permanente en
América. El viaje estaba comandado por John
White (que ya había estado en la
primera expedición a la isla), financiado de nuevo por el magnate Sir Walter Raleigh y bajo el patrocinio
de la corona inglesa. El día 18 de agosto nació el primer niño inglés en
América, fue en realidad una niña, Virginia
Dare, hija de Eleonor W. Dare y nieta
de John White.
Las primeras
semanas después del asentamiento de los colonos todo se veía esperanzador. Las
relaciones con los clanes indígenas eran prometedoras. La tribu de los Croatoans se mostraba bastante
colaboradora con el asentamiento inglés y la tribu de los Secatoans, si bien se mostraban más reacios, tampoco parecían
manifestarse hostiles, aunque se habían negado a reunirse con los ingleses.
Sin embargo, los
problemas comenzaron a finales del mismo año 1587, cuando el colono George Howe apareció muerto en una playa cercana cuando había salido solo
a cazar algunos cangrejos para dar de comer a la colonia. Pronto se especuló
con la posibilidad de que alguna de las tribus de la isla lo hubiese asesinado,
así que, ante el desagradable acontecimiento, y unido a que los recursos de la
colonia comenzaban a escasear, John White dejo atrás a su hija y su nieta y se
embarcó rumbo a Inglaterra para informar a la reina Isabel I y volver a la colonia con algunos suministros.
Cuando White regresó a Londres, se vio atrapado
en la capital británica por la guerra contra España y la falta de fondos por
parte de la corona. Pronto se percató que volver a Roanoke no sería posible hasta que la contienda
terminase. Pasaron tres largos años hasta que John White pudo poner pie de nuevo en la isla de Roanoke, fue el 18
de agosto de 1590, justo cuando su nieta cumpliría 3 años… y entonces comenzó
el misterio.}
UNA PALABRA, UNA SÍLABA Y UN MISTERIO
Lo que White se
encontró a su regreso, fue que los 117 colonos que había dejado allí hacia tres
años, habían desaparecido sin dejar rastro. Solo quedo en el lugar, las casas
de dos plantas completamente desmanteladas y los establos donde guardaban el
ganado, estaban vacíos. Solo se hallaban en perfecto estado, dos tumbas, una de
ellas perteneciente a George Howe, y una
misteriosa palabra escrita en uno postes de la fortaleza: “Croatoan” y las letras “Cro”
talladas en la corteza de un árbol cercano. Eso fue lo único que quedó de una
población de más de 100 personas.
No había indicios
de batalla ni hambre y no se encontró tampoco ninguna cruz maltesa (signo que
se había pactado con los colonos para determinar que habían sido víctimas de un
ataque foráneo). Una gran tormenta se abalanzó sobre el poblado poniendo en
grave peligro tanto a la expedición, como al buque que los había llevado a
Roanoke. El capitán del barco advirtió a White
que debían partir de manera inmediata si querían conservar sus vidas y la
integridad del navío. Regresó a Inglaterra y comenzó así la leyenda de la “colonia perdida”. Lamentablemente,
White nunca pudo comprobar si los aldeanos estaban con los Croatoan ni por qué.
Las hipótesis se
sucedieron desde entonces tratando de encontrar una explicación sobre el
destino y el paradero de la “colonia
perdida”.
Se especuló con
la posibilidad de un ataque externo, bien por parte de los nativos o de los españoles
(recordemos que en aquella época, resquemores y odios hicieron enemigos a
españoles y británicos), pero tampoco es concluyente por que no se halló, como
quedo dicho, ninguna cruz de malta en el asentamiento.
La posibilidad de
que los colonos hubiesen decidido emprender el viaje de vuelta a Inglaterra y
hubieran sufrido un naufragio o algo parecido tampoco es discutible, pues
hubiesen dejado constancia de sus planes y de la fecha de su partida. El simple
hecho de que solo escribieron “Croatoan”
y “cro”, nos dice que tuvieron que
salir rápidamente del asentamiento.
Se barajó la
posibilidad de que hubiesen sucumbido al ataque de alguna tribu caníbal (de ahí
que no se encontrasen restos de seres humanos), pero es muy poco probable pues
no se tiene constancia de la existencia de ningún clan caníbal en la zona.
Recientemente se
encontró una nueva hipótesis, la de que los colonos se hubiesen mezclado con la
tribu de los Lombee, pues estos
individuos presentan rasgos caucásicos (como tez pálida y ojos claros), pero
los estudios de ADN que se llevaron a cabo en la Universidad de Texas no
arrojaron resultados concluyentes.
La última
hipótesis es la menos aceptada al implicar cierto grado de explicación
sobrenatural. Y es que esta tesis aboga por que la palabra “Croatoan” tallada en el lugar donde
estaba la colonia, no era la solución al enigma, sino una pista, y que sería
esta tribu quien tendría la respuesta.
Los Croatoans
(que vivian en una isla del mismo nombre, que actualmente se llama Isla de
Hatteras) eran un pueblo fuertemente espiritista y que llevaba a cabo rituales,
según cuentan, para que los muertos volviesen de sus sepulturas y ayudar en las
cosechas. La versión de la tribu es que, por aquella época, de manera súbita,
las especies de vida silvestre de los bosques comenzaron a morir de manera
inexplicable. Según sus creencias, esto se debía a que se había liberado sobre
la tierra un espíritu maligno y poderoso que ellos asociaban a una especia de
serpiente. Este espíritu, se habría apoderado de los colonos de tal manera que
comenzaron a asesinarse y devorarse los unos a los otros y afirman que fue la
propia niña recién nacida quien llevo la “plaga” a sus tierras al estar poseída
por esa especie de demonio.
En su libro del
año 2000 “Roanoke: Solving the
Mystery of the Lost Colony”, la historiadora Lee Miller planteó que algunos
de los supervivientes de la supuesta “Colonia
Perdida” podrían haber buscado refugio con los chowanoke, quienes fueron atacados a su vez por otra tribu,
identificada por la Colonia de Jamestown como los «mandoag» (palabra algonquina
utilizada habitualmente para las naciones enemigas). Se ha especulado que los
mencionados «mandoag«
pudieron ser los tuscarora,
una tribu de lengua iroquesa, o los eno, también llamados wainoke.
El conocido como
«Mapa de Zúñiga» (que recibió su nombre por Pedro de Zúñiga,
embajador español en Inglaterra, quien se hizo con una copia y se la entregó
a Felipe II), dibujado en torno a 1607 por el habitante de Jamestown
Francis Nelson, otorga credibilidad a esta afirmación. En el mapa se puede leer
que «four men clothed that came
from roonock» («cuatro hombres vestidos provenientes de
roonock») vivían en un poblado iroqués en el Neuse. William Strachey, un secretario de la Colonia de
Jamestown, escribió en su «The
historie of travaile into Virginia Britannia» de 1612 que, en los
poblados indios de Pecccarecanick y Ochanahoen, se podían encontrar casas de
dos pisos con muros de piedra. Los nativos supuestamente aprendieron a
construirlas de los habitantes de Roanoke.
De ser cierta la
leyenda de los Croatoans al respecto de la suerte que corrieron los miembros de
aquella “colonia perdida”, la celebración que aun hoy perdura en EE.UU. llamada
acción de gracias, tal vez no fue un festín de pavo, sino de seres humanos.
ÚLTIMAS INVESTIGACIONES.
Más allá del
misterio, podemos tomar la historia, simplificarla y llegar a nuevas
conclusiones.
Si los colonos
escribieron “Croatoan” y “Cro”, tal vez estaban marcando su
destino. Cuando John White partió al
viejo continente, se decidió que, ante cualquier problema, la colonia de
mudaría 80 km de su sitio. En esa época, al parecer y según investigaciones,
ocurrió una sequía monstruosa, que provocó, además, una hambruna terrible en la
colonia.
Y tenemos dos
posibles lugares donde podrían haberse establecido. Se encontró un mapa, que
data del año 1585, realizado por el propio John White que muestra la parte
oriental de Virginia, que muestra dos cosas: la isla de Roamoke y UN PARCHE.
Debajo del parche se ve una marca que significa “fuerte”. Esta marca, se encuentra a 80 km de la isla de Roamoke.
Algo más. El
asentamiento de los Croatoan se encontraba a 80 km del asentamiento de la colonia.
Todo nos llevaría
a pensar que la colonia se dividió en dos, una parte (tal vez quienes
escribieron “Croatoan”), viajaron 80
km al sur, y se unieron a los Croatoans, viviendo con ellos, aprendiendo y,
literalmente, mezclando genes con ellos. De hecho, un equipo formado por el
Profesor Mark Horton, arqueólogo de
la universidad de Bristol, ha encontrado, 80
km al sudeste en la isla de Hatteras (nombre actual de Roanoke), una serie
de elementos europeos, tales como un cuenco, unos fragmentos de cristal
veneciano, la empuñadura de una espada, etc., que datan de la época en
cuestión.
Por otro lado, a
80 km en tierra firme (en el mismo lugar donde vemos el signo de “fuerte” o
“fortaleza” en el mapa de John White), se han hallado restos de un
asentamiento, con firmes pruebas de actividad británica. Y la datación de estos
restos encontrados (incluyendo huesos de ciervo y de tortuga, ladrillos,
cerámica indígena, trozos de hierro europeo, partes de una pistola del siglo
XVI y un botón de cobre muy pequeño) son coincidentes con la fecha, al igual
que los restos de la Isla Hatteras.
CONCLUSIONES
Todas estas
pruebas, dataciones, hallazgos, etc., nos dan la pauta de lo que ocurrió
realmente.
Todo nos dice
que, ante una gran hambruna desatada por una sequía, los colonos no se decidían
que dirección tomar, para cumplir la “ley
de los 80 km”, como habían acordado con White. Algunos querían mudarse con
los Croatoan y el resto, adentrarse en el continente. Los motivos de ambas
facciones serian valederas, unos, tener el resguardo de los nativos, los otros,
alejarse de la costa, presumiblemente para resguardarse del posible ataque de
los españoles. Entonces tomaron la decisión de separarse, unos construyendo un
fuerte en tierra firme y los otros, mezclándose con los Croatoan. Estos últimos,
habrían decidido dejar un mensaje, tallando “cro” y “Croatoan” en los
arboles del lugar.
Es decir, si
escribieron “Croatoan”, ¿porque
pensar que no irían allí?
Para mí, el asunto está cerrado. Al menos, una parte de los colonos se unieron a los nativos, dejando cientos de pruebas (restos, vasijas, etc.) de esto. El misterio de la colonia perdida de Roanoke, ya no es misterio.


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