O la paradoja del Gato Negro, El Gato Blanco y el Campo Unificado de la Conciencia
Existen conceptos que, por surgir de ámbitos tan dispares como la metafísica y la ciencia de vanguardia, parecen habitar universos paralelos. Por un lado, la expresión “Registros Akáshicos”, surgida de la filosofía esotérica, evoca la imagen de una especie de biblioteca cósmica que tiene registrado registra cada evento, pensamiento y potencialidad del pasado, presente e incluso el futuro. Por el otro, el término “conciencia no-local”, acuñado desde la ciencia noética postula que la mente puede operar más allá de los confines del cerebro e interactuar con la realidad de modos que cuestionan los límites de la física convencional.
A primera vista, podrían parecer dominios incompatibles: uno perteneciente al reino de la espiritualidad y el otro al de la investigación de vanguardia. Sin embargo, si se observa con detenimiento, es posible que ambos estén describiendo la misma realidad fundamental, utilizando distintos mapas para un mismo territorio inexplorado. La diferencia, en esencia, podría ser tan superficial como la que existe entre un gato negro y uno blanco: el tipo de animal es el mismo.
Los Dos Enfoques: Una Mirada en Profundidad
Imaginemos a dos personas.
La primera es una investigadora en el campo de la ciencia noética. Su trabajo se desarrolla en un laboratorio, donde utiliza protocolos rigurosos para medir fenómenos como la posible influencia de la intención humana en sistemas físicos o biológicos. Su objetivo es demostrar que la conciencia no es un epifenómeno local del cerebro, sino una propiedad fundamental y no-local del universo. Para ello, induce en los participantes estados de concentración profunda, muy similares a la meditación, con el fin de acceder a esa potencialidad.
La segunda persona es un practicante que busca acceder a lo que denomina los Registros Akáshicos. A través de la meditación profunda y la sintonización de su conciencia, intenta conectar con ese campo de información universal del cual, según su perspectiva, emana toda existencia. Su método es introspectivo y su validación primaria es la experiencia subjetiva de claridad, insight o sanación que obtiene.
¿Qué es lo que realmente distingue a ambos? No es el objetivo último, sino el marco de referencia y el método de validación.
El Paralelismo Inevitable: Estado, Acceso y Conocimiento
Al analizar sus procedimientos, las similitudes resultan notorias.
El Estado de Conciencia: Ambos procedimientos requieren una alteración deliberada del estado de conciencia habitual. Tanto la concentración enfocada del sujeto en un experimento noético como la meditación del practicante metafísico son, en esencia, tecnologías de la conciencia para sintonizar una frecuencia mental más sutil y receptiva.
La Fuente de Información: En ambos casos, se postula la existencia de una fuente que trasciende al individuo. Para la ciencia noética, es un “campo” de conciencia o información no-local. Para la tradición metafísica, es el “Akasha”, la crónica etérea de todo lo existente. La descripción varía, pero la esencia de un sustrato informacional universal permanece.
La Naturaleza del Conocimiento Obtenido: La información rara vez se presenta como un discurso lineal. Tanto para el científico que analiza datos parapsicológicos como para el meditador que recibe una intuición, el conocimiento suele manifestarse como una comprensión súbita, un patrón significativo o un saber interno que resuena con fuerza.
La divergencia crucial reside en la verificación. La ciencia exige mediciones externas, repetibilidad y datos cuantificables. La experiencia espiritual se valida por su impacto transformador en la vida interior del individuo. Una busca objetivar lo subjetivo; la otra, profundizar en lo subjetivo como un fin en sí mismo.
La Lección del Fenómeno No Identificado
Este dilema puede ilustrarse con la idea del OVNI, un Objeto Volador No Identificado. Avistar una luz en el cielo cuyo origen se desconoce es un hecho observable. El problema surge con la interpretación inmediata de su naturaleza. El termino OVNI significa, básicamente, que no sabemos que es lo que el testigo vio. No importa si es solo una luz, o una nave de otra galaxia. Si no se identifica y se la etiqueta como OVNI, entonces la definición más rápida de eso es “No sabemos que es”. De modo análogo, la experiencia de conexión con una inteligencia o un conocimiento mayor es el “fenómeno no identificado de la conciencia”. Es un dato experiencial primario. Las etiquetas de “campo no-local” o “Registro Akáshico” son interpretaciones posteriores de ese mismo fenómeno.
La incapacidad de la ciencia actual para llegar a una conclusión definitiva sobre la naturaleza de este fenómeno no invalida la experiencia misma. La historia de la ciencia está plagada de ejemplos de realidades que, durante siglos, fueron “no identificadas” hasta que se desarrollaron las herramientas conceptuales para comprenderlas.
Trascender la Necesidad del Veredicto Externo
La pregunta fundamental, entonces, deja de ser “¿Quién tiene la razón?” para transformarse en “¿Estamos dispuestos a aceptar la evidencia de nuestra propia experiencia?”.
Si a través de la práctica meditativa o en momentos de profunda intuición, una persona experimenta una conexión palpable con una fuente de sabiduría y unidad, esa vivencia posee una validez intrínseca. No requiere la aprobación de un paper científico para ser significativa.
La ciencia noética y la metafísica de los Registros Akáshicos no son enemigas. Son dos dialectos que intentan narrar la misma verdad profunda: que nuestra conciencia individual podría estar anclada en una conciencia mayor, un océano del cual somos olas temporales y no en nuestros cerebros. O sea, nuestras mentes. De ahí el término que la noética usa: conciencia no local. ¿Acaso los registros Akáshicos no son también una “conciencia no local?
Reconocer esto nos libera de la falsa dicotomía entre lo espiritual y lo científico. Nos permite honrar la profundidad de la experiencia humana en toda su dimensión, confiando tanto en la precisión de los datos como en la sabiduría del corazón. Al final, más allá de los nombres que elijamos, el gato —misterioso, elegante e innegable— sigue estando allí, desafiándonos a ver la unidad detrás de la apariencia.
(si queres saber más sobre la ciencia noética y los registros akáshicos, descargate el número 93 de Phenomena en español)
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