
En tiempos donde la viralidad pesa más que la veracidad, el caso de la “roca alienígena” difundido por el tiktoker @kinpanama se convierte en una muestra fehaciente de cómo las fake news no solo distorsionan la percepción pública, sino que erosionan el terreno de la auténtica investigación. Lo que comenzó como un video intrigante —una roca caída del cielo, con tentáculos y comportamiento orgánico— terminó revelándose como una pieza de ficción cuidadosamente editada.
Pero el daño ya estaba hecho.
El video que lo cambió todo (o nada para bien…)
La escena es cinematográfica: una roca metálica, con textura alienígena, aparece en un terreno rural. Al poco tiempo, comienza a “crecerle” una especie de organismo que se mueve, quema hojas y parece pulsar con vida propia. El narrador, con tono grave y pausado, advierte sobre el peligro, mientras manipula el objeto sin guantes ni protección. El video se viraliza en TikTok, luego en YouTube a través canales como DKBza, y finalmente en Facebook, donde se multiplica sin contexto ni verificación.

Millones de vistas, millones de Likes y ninguna seriedad. Así de simple.
Lo que llama la atención no es solo el contenido, sino su estética: edición profesional, música envolvente, planos dramáticos. Todo parece salido de una producción de Ancient Aliens o Black Mirror. Pero el autor no es History Channel ni Netflix, sino un creador de contenido panameño que, como luego se sabría, se dedica a fabricar narrativas ficticias para entretener.
¿Quién es @kinpanama?
El canal de TikTok de KinPanama revela un patrón claro: videos virales con estética de ciencia ficción, simulaciones de fenómenos paranormales, y una narrativa que juega con la ambigüedad. En su biografía actual, aclara que se trata de contenido ficticio, aunque muchos de sus seguidores aún interpretan sus publicaciones como reales. La roca, según varios usuarios, sería una papa pintada de plateado, y el organismo pulsante estaría hecho con silicona y solventes como hexano, generando ese efecto “biológico”.

No hay registros científicos de meteoritos caídos en el distrito de Pedregal, Panamá, ni reportes oficiales que respalden el evento. Todo indica que se trata de una puesta en escena. Pero eso no impidió que el video fuera replicado por canales que se autodenominan “investigadores del misterio”, sin verificar su origen ni contrastar fuentes.
El problema no es el video, sino su amplificación
La ficción viral no es nueva. Desde El Proyecto Blair Witch hasta los creepypastas, internet ha sido terreno fértil para narrativas que juegan con lo real y lo imaginario. El problema surge cuando estas ficciones se presentan como evidencia, y peor aún, cuando son amplificadas por canales que deberían tener un mínimo de rigor.
Verdad Oculta, por ejemplo, presenta el video como “una muestra de panspermia en acción”, sin aclarar que se trata de contenido ficticio. DKBza lo replica en Facebook con tono emocional, apelando al misterio y al miedo. Ambos mencionan al creador original pero no se advierte sobre la naturaleza del material. El resultado: millones de personas compartiendo el video como si fuera prueba de vida extraterrestre.

¿Qué pierde la investigación auténtica?
La investigación seria sobre fenómenos anómalos —desde la ufología hasta la arqueología alternativa— ya carga con el estigma de lo marginal. Cuando se viralizan contenidos falsos sin contexto, ese estigma se profundiza. Los investigadores que dedican años a estudiar casos reales, contrastar fuentes, entrevistar testigos y analizar evidencia, ven cómo su trabajo queda opacado por una narrativa más espectacular pero menos rigurosa.
Además, se genera una saturación informativa donde todo parece posible, pero nada es verificable. La roca de KinPanama se convierte en “una más” entre cientos de videos virales, y los casos auténticos —como el de Socorro, el de Val Johnson o el de Ariel School— quedan relegados al olvido.
¿Cómo recuperar el terreno perdido?
La clave está en la curaduría de la causística. No se trata de censurar la ficción, sino de contextualizarla. Los blogs, revistas y canales que abordan lo paranormal deben asumir el rol de mediadores: distinguir entre narrativa y evidencia, entre estética y autenticidad. En este sentido, el caso de KinPanama puede ser una oportunidad para reflexionar sobre cómo se construye el misterio en la era digital. No lo culpamos de mostrar una Fake News como real, no. él simplemente genera contenido divertido y los demás, las personas que lo siguen, creen que es real. de hecho, felicitamos a KinPanama, porque con pocos medios, logra algo que es casi hollywoodense.
Un artículo que analice el fenómeno desde lo editorial, lo narrativo y lo cultural puede ayudar a recuperar el terreno perdido. Mostrar cómo se fabrica una fake news, cómo se amplifica y cómo se desmonta, es parte del trabajo de todo investigador serio. Porque la verdad no siempre es espectacular, pero siempre es necesaria.

Entre la papa plateada y el meteorito real
La roca de KinPanama no cayó del cielo, pero sí cayó en la conciencia colectiva. Su impacto revela más sobre nuestra fascinación por lo extraño que sobre el cosmos. Y aunque el video sea falso, su viralidad es real, y su capacidad de desinformar, también.
Por eso, este caso es una muestra fehaciente de que las fake news matan a la auténtica investigación (Una frase que acuñé y use en innumerables ocaciones). No porque la ficción sea peligrosa, sino porque su amplificación sin contexto convierte el misterio en espectáculo, y la búsqueda de la verdad en una carrera perdida.
Está en nosotros. los investigadores, revertir esto.
Una muestra más de cómo la ficción viral contamina lo real

Un ente gubernamental —la Dirección del Parque Natural Metropolitano de Panamá— emitió recientemente un comunicado oficial desmintiendo la supuesta caída de un meteorito y la liberación de una criatura extraterrestre en sus instalaciones. El documento, que pueden ver aquí a la izquierda, responde directamente a los rumores difundidos en redes sociales, especialmente en TikTok.
¿Y qué nos dice esto?
Dos cosas, ambas preocupantes. Primero, que un organismo estatal se ve obligado a invertir tiempo y recursos en desmentir una historia evidentemente ficticia, lo que habla de una fragilidad institucional frente a la desinformación. Segundo, que el mismo organismo teme que la viralidad del contenido lleve a personas a presentarse en el parque buscando una criatura que nunca existió.
En cualquiera de los dos escenarios, el impacto es el mismo: la ficción viral interfiere con la gestión pública, desvía la atención de lo importante y pone en riesgo la credibilidad de las instituciones. Lo que debería ser una anécdota absurda se convierte en un síntoma de algo más profundo: la erosión del sentido crítico frente al espectáculo digital.
Deja un comentario