Desde tiempos inmemoriales, los cielos han sido testigos de viajeros solitarios que cruzan el firmamento sin rumbo fijo. Pero no fue hasta el año 2017 que la humanidad detectó, por primera vez, un objeto que no pertenecía a nuestro sistema solar: 1I/Oumuamua. Desde entonces, una nueva era de exploración cósmica se ha abierto ante nuestros ojos. Hoy, el protagonista es 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar jamás observado, y su paso por nuestro vecindario estelar promete revelar secretos que podrían redefinir nuestra comprensión del universo.

¿Qué es 3I/ATLAS?
Descubierto el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Chile, 3I/ATLAS es un cometa interestelar con una órbita hiperbólica, lo que significa que no está ligado gravitacionalmente al Sol ni a ningún otro astro. Su núcleo, de aproximadamente 5,6 km de radio, está envuelto en una coma de polvo que complica las mediciones, pero no impide que los telescopios más avanzados del planeta lo sigan de cerca.
Este objeto se mueve a una velocidad superior a los 221.000 km/h, cruzando el sistema solar en una trayectoria que lo llevará cerca de Júpiter, Marte y Venus, antes de acercarse al Sol en octubre de 2025. Su paso fugaz es una oportunidad única para estudiar materia que proviene de regiones galácticas lejanas, posiblemente de la constelación de Sagitario, cerca del centro de la Vía Láctea.
¿Una sonda alienígena?
La llegada de 3I/ATLAS no ha estado exenta de controversia. El astrofísico Avi Loeb, conocido por su teoría sobre ʻOumuamua como posible tecnología extraterrestre, ha sugerido que Atlas podría ser una sonda alienígena. Su tamaño, brillo y espectro inusual alimentan esta hipótesis, aunque la comunidad científica, incluyendo la NASA, sostiene que se trata de un cometa natural sin evidencia de tecnología no terrestre.
Loeb no está solo en su entusiasmo, pero tampoco en su escepticismo. Muchos astrónomos ven en Atlas una oportunidad para estudiar un cometa prístino, libre de las influencias del sistema solar, y entender cómo se forman estos cuerpos en otros rincones de la galaxia.

¿Podremos observarlo bien?
La respuesta es un rotundo sí. Telescopios como Gemini North en Hawái ya han captado imágenes detalladas de su coma. El Vera C. Rubin Observatory, también en Chile, está en proceso de activación y se espera que detecte objetos como Atlas con regularidad. Incluso el sistema ATLAS, que lo descubrió, sigue monitoreando su evolución.
Hasta septiembre de 2025, Atlas será visible desde la Tierra con telescopios medianos y grandes. En octubre, su acercamiento al Sol aumentará su brillo, aunque dificultará la observación directa. En diciembre, reaparecerá del otro lado del Sol, permitiendo nuevas mediciones.
¿Intercepción por Juno?

Una de las propuestas más audaces es la posibilidad de que la sonda Juno, actualmente en órbita alrededor de Júpiter, realice una maniobra para interceptar a Atlas en marzo de 2026. Sería la primera vez que una nave humana se acerca a un objeto interestelar, lo que podría revolucionar nuestra comprensión del cosmos.
Aunque la misión aún está en evaluación, su éxito permitiría estudiar de cerca la composición, estructura y comportamiento de Atlas, y responder preguntas que hoy solo podemos formular desde la distancia.
Comparación con Borisov y ʻOumuamua

Atlas no está solo en esta categoría de visitantes interestelares. Antes de él, tuvimos a ʻOumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019).
- ʻOumuamua fue un objeto rocoso, sin coma ni cola, que mostró aceleraciones no gravitacionales y cambios de rumbo inexplicables. Su forma alargada y comportamiento anómalo lo convirtieron en el centro de teorías sobre tecnología extraterrestre.
- Borisov, en cambio, fue un cometa clásico, con una coma brillante y una cola bien definida. Su composición rica en monóxido de carbono lo hizo único, y su fragmentación en 2020 permitió estudiar su estructura interna.
Atlas parece combinar elementos de ambos: tiene actividad cometaria, pero también características que lo hacen especial. Su estudio podría revelar si estamos ante un cometa típico o algo más… exótico.
¿De dónde viene y hacia dónde va?
Atlas no gira alrededor de ningún Sol. Su órbita hiperbólica lo convierte en un viajero libre, expulsado de su sistema natal por una interacción gravitacional extrema. En su camino, cada cuerpo celeste que encuentra—como Júpiter o el Sol—altera ligeramente su rumbo, pero no logra capturarlo.
Es como un náufrago cósmico, guiado por las señales gravitacionales del universo, pero sin destino fijo. Tras su paso por el perihelio, seguirá su viaje hacia el espacio profundo, llevando consigo la historia de otro sistema estelar.
¿Qué podemos aprender?
El estudio de Atlas puede revelar:
- Materiales primitivos de otros sistemas estelares.
- Interacciones gravitacionales con planetas y estrellas.
- Comportamientos no gravitacionales que podrían indicar procesos desconocidos.
Además, su paso nos obliga a repensar cómo detectamos estos objetos. Antes de 2017, no teníamos la tecnología ni los métodos para identificarlos. Hoy, con telescopios más sensibles y algoritmos más precisos, estamos afinando nuestro oído cósmico.
¿Ceguera o evolución?

La pregunta que surge es inevitable: ¿estos objetos siempre estuvieron ahí y no los veíamos, o realmente comenzaron a aparecer después de 2017? La respuesta parece inclinarse hacia lo primero. La humanidad simplemente no tenía los instrumentos adecuados para detectarlos. Ahora que los tenemos, el universo empieza a revelar sus secretos.
Y quizás, como bien intuyó Dario en sus investigaciones sobre ʻOumuamua, la intuición humana puede ir por delante de la ciencia formal. A veces, basta con observar con atención y conectar los puntos para descubrir lo que otros aún no ven.
El viajero y el cronista
Atlas es más que un cometa. Es un mensajero del más allá estelar, un fragmento de otro mundo que cruza el nuestro sin detenerse. Y nosotros, como cronistas del cielo, tenemos la responsabilidad de escuchar su historia, interpretarla y compartirla.
Porque cada objeto interestelar que nos visita es una oportunidad para entender no solo el universo, sino también nuestro lugar en él.