Nemesis, nuestro gemelo malvado

Resulta ser que, al parecer, todos tenemos un gemelo malvado. Hay frases conocidas como “como es arriba, es abajo” o “luz y oscuridad, bien y mal” y otras que quieren decir más o menos lo mismo: Yin y Yang, bueno y malo, y demás.

Tomando la primera frase “como es arriba, es abajo” para comentar algo que se dice hace rato: Nuestro sol tiene un gemelo malvado.

Se trataría de Némesis, nombre robado a una Diosa Griega, diosa de “la justicia retribuida, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna.” Pero…
Castigaba más que perdonar, su “justicia”, era más un castigo desmesurado, principalmente a niños que desobedecían a sus padres. Encima, no rendía cuentas a los olímpicos, porque era una de las diosas primordiales. O sea, hacia lo que quería…
En cuanto al gemelo malvado, el nombre estaría bien puesto.

Pero vayamos por partes.

Némesis es una hipótesis. En 1984, R. A. Muller (físico, Universidad de California en Berkeley), Piet Hut (físico, Instituto de Estudios Avanzados de Princeton) y Marc Davis (Princeton), publican en la revista Nature, un artículo que propone la hipótesis de la existencia de Némesis. Los astrónomos propusieron que Némesis sería un compañero de nuestro sol, convirtiéndolo en parte de un sistema binario. Es sabido que cerca del 60% de las estrellas forman parte de sistemas binarios (también existen ejemplos de sistemas Ternarios, es decir, de 3 estrellas, como Sirio, pero será parte de algún otro artículo), entonces, hay posibilidades de que pueda ser cierta la teoría.

Némesis sería gigantesco, varias veces el tamaño de Júpiter (pero más pequeño que nuestro sol) y podría ser una enana marrón o, incluso, un pequeño agujero negro. Su órbita sería gigantesca, de unos 26 o 27 millones de años y en su paso, afectaría a la nube de Oort, lo que provocaría que cientos o miles de asteroides y cometas, salgan de ésta, llegando incluso a la tierra. Esto, de ser así, podría explicar porque cada 26 millones de años, años más, años menos, tenemos algún tipo de catástrofe global en nuestro planeta. Esta hipotesis, la de la periodicidad de los desastres a nivel global, habría sido probada por Adrian Melott , de la Universidad de Kansas, y Richard Bambach , del Instituto Smithsoniano en Washington, han examinado los datos de archivos fósiles de 500 millones de antigüedad (el doble de lo que nadie haya analizado nunca), para concluir, con un nivel de confianza del 99%, que algo de enorme poder destructivo golpea la tierra cada 27 millones de años, una periodicidad que muchos paleobiólogos ya han reconocido anteriormente. ¿Némesis? Algunos dicen que sí, otros que no.
Lo cierto es que algo gigantesco provoca la casi total destrucción de la tierra cada 27 millones de años (además de las eras glaciales, que ocurren con mayor frecuencia) y no deja casi nada vivo en la tierra. Un reinicio, digamos.
Pero no se preocupen, según los Paleobiólogos, la última vez que esto ocurrió fue hace 11 millones de años. Tenemos tiempo de armar las mochilas, un refugio y comprar un paraguas de buena calidad…

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